IMP Colina

Esto Enseñamos

LA BIBLIA: Toda la Escritura es inspirada por Dios (“Sola Scriptura”) (2 Pedro 1:20-­21; 2 Timoteo 3:16). Cada autor fue movido y dirigido por el Espíritu Santo, conservando sus personalidades y estilos diferentes para escribir la Palabra de Dios, ellas no contienen error alguno en la revelación original dada por Él. Esta Palabra es considerada inerrante e infalible y es la única autoridad en fe y práctica; sus verdades son absolutas y eternas. Las Escrituras constituyen el único estándar por el cual debemos medir todo lo que hacemos.

DIOS: Existe y es “Un Solo Dios” (Deuteronomio 6:4), eterno e inmortal (1Timoteo 1:17), Creador y también Soberano de todo el universo, Él también realiza activa o pasivamente todo lo que ocurre (Lamentaciones 3:37­-38). así es que, nada se mueve sin su consentimiento o autorización. Todo lo que quiere hacer, eso es lo que hace. (Isaías 55:11), cumpliendo así sus decretos eternos e inmutables. Dios existe en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14). Cada una de estas tres personas merece la misma adoración y obediencia. Decimos que Jesucristo es el único Hijo de Dios, concebido por medio del Espíritu Santo y nacido de María, una mujer virgen y piadosa de Israel. Él tiene igualdad y co­eternidad con el Padre (Filipenses 2:6­-7). Durante su misión en la tierra se hizo semejante a los hombres, siendo al mismo tiempo hombre y verdadero Dios. Con su encarnación no perdió ninguno de sus atributos divinos. Jesucristo también es el agente de la creación, ya que todas las cosas fueron creadas por Él, por medio de Él y para Él (Colosenses 1:16). Jesucristo, el hijo de Dios, murió en la cruz por todos nuestros pecados, pasados, presentes y futuros (Romanos 5:8) Él nos reconcilió con Dios (1 Timoteo 2:5; Hechos 4:12). Resucitó corporalmente de entre los muertos y se elevó al cielo, pasando a ser nuestro Sumo Sacerdote e intercesor, sentado a la diestra de Dios Padre (Hebreos 4:14; 8:1­2; Romanos 8:34). En cuanto al Espíritu Santo, entendemos que es la tercera persona de la Trinidad, por Él somos regenerados, y nacimos de nuevo (Juan 3:5­-8). Nos ha enviado a convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7­-8). Decimos que habita en el interior de cada creyente (Romanos 8:11). Nos fortalece (Hechos 1:8) y guía a toda verdad (Juan 16:13). Al hacer esto, Él glorifica a Jesucristo (Juan 16:14). El Espíritu Santo, junto con Cristo, distribuyen dones a cada creyente (1 Corintios 12:4­-7-11; Efesios 4:11), con el fin de glorificar a Jesucristo y fortalecer su Iglesia, la cual es el cuerpo de Cristo.

LA CREACIÓN: Agrado a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, (Hebreos 1:2; Jn 1:1-3, Génesis 1:2; Job 26:13 y 33:4) para la manifestación de la gloria de su poder, sabiduría y bondad eterna, (Romanos 1:20; Jeremías 10:12; Salmo 104:24; Salmo 33:5-6) crear de la nada, en el principio, el mundo y todas las cosas que en él están, ya sean visibles o invisibles, en el lapso de seis días, todas estas muy buenas. (Génesis 1; Hebreos 11:3; Colosenses 1:16) Después que Dios creó todas las demás criaturas, también hizo al hombre, varón y hembra Dios creó, (Génesis 1:27) con alma racional e inmortal, (Génesis 2:7 con Eclesiastés 12:7 y Lucas 23:43; Mateo 10:28) dotados de conocimiento, rectitud y santidad verdadera, a la imagen de Dios, (Génesis 1:26; Colosenses 3:10; Efesios 4:24) teniendo la ley de Dios escrita en su corazón, (Romanos 2:14-15) y capacitados para cumplirla; (Eclesiastés 7:29) sin embargo, con la posibilidad de que la transgredieran por haber sido dejados a la libertad de su propia voluntad, que era mutable (Génesis 3:6; Eclesiastés 7:29) Además de esta ley escrita en su corazón, recibieron el mandato de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, y mientras guardaron este mandamiento, fueron felices, gozando de comunión con Dios, (Génesis 2:17; 3:8-­11-23) y teniendo dominio sobre las criaturas. (Génesis 1:26-28).

EL HOMBRE: Fue creado por Dios, a su imagen y semejanza (Génesis 1:27), lo que implica que es un ser moral con capacidad para pensar, sentir y tiene voluntad propia. Dios lo creó sin pecado, libre de escoger entre el bien y el mal, pero el hombre pecó por decisión propia, manchando la imagen de Dios y esclavizando su voluntad al pecado (2 Timoteo 2:25­-26; Romanos 8:6­-7; Romanos 7:14; Juan 8:34-36). Así que, por esto, está destinado a condenación eterna a menos que sea regenerado por el Espíritu Santo.

LA SALVACIÓN: Es un regalo de Dios, obtenida sólo por gracia (“Sola Gratia”), sólo a través de fe (“Sola Fide”) (Efesios 2:8-­9), sólo en Cristo (“Solus Christus”) (2 Timoteo 1:9), por la voluntad soberana de Dios y sólo para la Gloria de Dios (“Soli Deo Gloria”) (Efesios 1:4­-6; Juan 1:12­-13; 6:44; Romanos 9). Creemos que Dios, “nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin manchas delante de él. En amor nos predestinó adoptándonos como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de Su voluntad para la alabanza de la Gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el amado” (Efesios 1:4­-6). Decimos que aunque la salvación es una decisión divina dependiente solamente de la gracia soberana de Dios, la Palabra también nos enseña que somos responsables de nuestras acciones (Juan 3: 36; Santiago 1:13-­14). Dios nos ha dado el privilegio de cooperar en la proclamación de su plan salvífico (Efesios 2:10 y 3:10). Decimos también que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (Hebreos 9:22) y sólo el sacrificio de Cristo en la cruz puede proveer el perdón de nuestros pecados (1 Corintios 6:20). De esta forma pasamos de la esclavitud a la libertad, de la oscuridad a la luz y de la muerte a la vida (Efesios 2:1­2).

LA GRACIA: Entendemos que la Gracia soberana es un don dado por Dios que nos trae salvación a través de la fe en Jesucristo. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección (Efesios 2:8). Podríamos definirla como las riquezas de Cristo dadas a nosotros a expensas de su sacrificio. Otra definición es, recibir aquello que no merecemos… como es la gloria. Mientras que misericordia puede ser definida como el NO recibir aquello que sí merecemos… como por ejemplo el infierno. No hay nada que podamos hacer para ganarnos la salvación. Y la razón es que todas las facultades del hombre están teñidas por los negros pecados que de forma natural se posicionan en cada uno de nosotros, aún después de nuestra regeneración: nuestras emociones, el pensamiento, el hablar, las motivaciones y las acciones siguen estando fuera del estándar de Dios… Por tanto, nuestras obras no pasarían en ningún caso la medida de la justicia perfecta de Dios. Sean dadas glorias a Dios por su Gracia soberana que nos ha arrastrado hacia Él y a derrotado nuestra rebeldía.

EL NUEVO NACIMIENTO: Si pudiésemos definir el nuevo nacimiento o la regeneración pudiéramos decir que “Es el acto sobrenatural por medio del cual el pecador recibe ‘vida espiritual’ a través de la Gracia Soberana de Dios y por obra especial del Espíritu Santo para que pueda entender y discernir las cosas espirituales de Dios que antes no percibía, cambiando sus pensamientos y afectos.” esto quiere decir que lo que antes amaba (El pecado) ahora lo odia como Dios también lo odia, ya que, somos nacidos de Dios (1 Juan5:1-­5), esto no quiere decir que el creyente nacido de nuevo no volverá a pecar (1 Juan 2: 1; 1 Juan 1:8­-10), pero si decimos, que no amará el pecado y vivirá una vida de arrepentimiento constante y de frutos dignos de tal hecho. Entendemos también que este sí es un requisito de salvación ( Juan 3: 1­-8).

LA JUSTIFICACIÓN: Decimos que a los que Dios llama de una manera eficaz, también justifica gratuitamente, (Romanos 8:30 y 3:24.) no encontrando justicia en ellos, sino, perdonándoles sus pecados, y contando y aceptandolos como justos; no por algo obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por causa de Cristo; no por imputarles la fe misma, ni el acto de creer, ni alguna otra obediencia como su justicia (Romanos 4:5­-8; 2 Corintios 5:19-21; Romanos 3:22,24,25,27,28; Tito 3:5-7; Efesios 1:7; Jeremías 23:6; 1 Corintios 1:30-31; Romanos 5:17,­19.) y ellos por la fe, le reciben y descansan en Él y en su justicia. Esta fe no proviene de ellos mismos, sino que es un don de Dios. (Hechos 10:44; Gálatas 2:16; Filipenses 3:9; Hechos 13:38-39; Efesios 2:7-8). La fe, que así recibe a Cristo y descansa en Él y en su justicia, es el único instrumento de justificación; (Juan 1:12; Romanos 3:28 y 5:1) aunque no está sola en la persona justificada, sino que siempre va acompañada por todas las otras gracias salvadoras, y no es fe muerta, sino que obra por amor. (Santiago 2:17-22-26; Gálatas 5:6) Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que así son justificados, e hizo una apropiada, real y completa satisfacción a la justicia de su Padre en favor de ellos. (Romanos 5:8-­10,19; 1 Timoteo 2:5,6; Hebreos 10:10,14; Daniel 9:24,26; Isaías 53:4-­6, 10-­12) Sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para los justificados (Romanos 8:32) y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en su lugar, (2 Corintios 5:21; Mateo 3:17; Efesios 5:2) y ambas gratuitamente; no porque hubiera alguna cosa en ellos, su justificación es solamente de pura gracia; (Romanos 3:24; Efesios 1:7) para que las dos, la exacta justicia y la rica gracia de Dios, puedan ser glorificadas en la justificación de los pecadores. (Romanos 3:26; Efesios 2:7).

LA SANTIFICACIÓN: Decimos también que los llamados eficazmente y regenerados, teniendo un nuevo corazón y un nuevo espíritu, son además santificados real y personalmente por medio de la virtud de la muerte y la resurrección de Cristo, (1 Corintios 6:11; Hechos 20:32; Filipenses 3:10; Romanos 6:5,6) por su Palabra y Espíritu que mora en ellos; (Juan 17:17; Efesios 5:26; 2 Tesalonisenses 2:13) el dominio del pecado sobre el cuerpo entero es destruido, (Romanos 6:6,14) y las diversas concupiscencia de él son debilitadas y mortificadas más y más, (Gálatas 5:24; Romanos 8:13) y los llamados son más y más fortalecidos, vivificados en toda la gracia salvadora, (Colosenses 1:11; Efesios 3:16­-19; 2 Corintios 7:1) para la práctica de la verdadera santidad, sin la cual ningún hombre verá al Señor. (Hebreos 12:14). Esta santificación se efectúa en todo hombre y mujer, (1 Tesalonicenses 5:23) y aunque es incompleta en esta vida. Todavía quedan algunos remanentes de corrupción en todas partes, (1 Juan 1:10; Romanos 7:18,23; Filipenses 3:12) de donde surge una continua e irreconciliable batalla; la carne lucha contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne. (Gálatas 5:17; 1 Pedro 2:11) En esta batalla, aunque la corrupción que aún queda puede prevalecer mucho por algún tiempo, (Romanos 7:23) sin embargo, a través del continuo suministro de fuerza de parte del Espíritu Santificador de Cristo, la parte regenerada triunfa: (Romanos 6:14; 1 Juan 5:4; Efesios 4:15,16) y así crecen en gracia los santos, (2 Pedro 3:18; 2 Corintios 3:18) perfeccionando la santidad en el temor de Dios. (2 Corintios 7:1).

LA SEGURIDAD DEL CREYENTE: Aunque los hombres no regenerados pueden engañarse a sí mismos con esperanzas falsas y presunciones carnales de estar en Dios y en estado de salvación; (Job 8:13,14; Miqueas 3:11; Deuteronomio 29:19; Juan 8:41) su esperanza perecerá; (Mateo 7:22,23) sin embargo, los que creen verdaderamente en el Señor Jesús y le aman sinceramente, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de él, pueden en esta vida, estar absolutamente seguros de que están en el estado de gracia, (1 Juan 2:3; 5:13 y 3:14,18,19,21,24) y pueden regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios, tal esperanza nunca les avergonzará (Romanos 5:2,5). Esta es una seguridad infalible de fe basada en la verdad divina de las promesas de salvación, (Hebreos 6:17,18) en la demostración interna de aquella gracia a la cual se refieren las promesas, (2 Pedro 1:4,5,10,11; 1 Juan 2:3; 3:14; 2 Corintios 1:12) en el testimonio del Espíritu de adopción testificando a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; (Romanos 8:15-16) este Espíritu es la garantía de nuestra herencia, y por ÉL cual somos sellados hasta el día de la redención.(Efesios 1:13-14; Efesios 4:30; 2 Corintios 1:21-22). La seguridad de la salvación de los verdaderos creyentes puede ser, en diversas maneras, zarandeada, disminuida o interrumpida; por la negligencia en preservarla; por caer en algún pecado especial, que hiera la conciencia y contriste el Espíritu; por alguna tentación repentina o vehemente; por retirarlos Dios la luz de su rostro y permitir, aún a los que le temen, (Cantares 5:2-3,6; Salmos 51:8,12,14; Efesios 4:30-31; Salmos 77:1-­10; Mateo 26:69-­72; Salmos 31:22 y 8; Isaías 50:10) que caminen en tinieblas, y que no tengan luz por un tiempo; sin embargo, nunca quedan totalmente destituidos de aquella simiente de Dios, y de la vida de fe, de aquel amor de Cristo y de los hermanos, de aquella sinceridad de corazón y conciencia del deber. por la operación del Espíritu, esta seguridad puede ser revivida en su debido tiempo; (1 Juan 3:9; Job 13:15; Lucas 22:32; Salmos 73:15 y 51:8,12; Isaías 50:10) y por todo lo cual, mientras tanto, los verdaderos creyentes son sostenidos para que no caigan en la desesperación total. (Miqueas 7:7-­9, Jeremías 32:40; Isaías 54:7-­10; Salmos 22:1; y Salmo 88).

LA IGLESIA: Decimos que todo aquel que ha puesto su fe en Jesucristo como Señor y Salvador, a través del Espíritu Santo, forma parte de la Iglesia universal, la cual es el cuerpo de Cristo y ella no puede ser separada del Señor. (Efesios 1:22-­23; 5:23 y Colosenses 1:24). Todos deben participar activamente en la vida de la iglesia local (Hebreos 10:25). Decimos también que la autoridad suprema de la Iglesia es Cristo (1 Corintios 11:3; Efesios 1:22). Dios dispuso líderes en cada iglesia para guiar y gobernar su pueblo. Estos no se hacen, más bien la iglesia local los reconoce, entendiendo que el Espíritu de Dios los levanta. Los ancianos predicadores son los líderes espirituales de la congregación y los oficiales diáconos tienen a su cargo la parte administrativa y organizativa de esta, siendo ayuda fiel y leal al pastor gobernante. Reconocemos el liderazgo femenino dentro de la iglesia, en áreas como la enseñanza, discipulado y formación espiritual de las mujeres, niños y jóvenes, así como en otros ámbitos. Los líderes tienen que tener los requisitos bíblicos que aparecen en 1 Timoteo 3:1­-13; Tito 1:5­-9; 1 Pedro 5:1­-5. La congregación debe someterse a su liderazgo como enseña la Palabra de Dios (Hebreos 13:7, 17). La Iglesia ha sido llamada a ser santa y sin mancha (Colosenses 1:22) se la ha dado la responsabilidad de proclamar la obra de redención y de dar a conocer la sabiduría de Dios (Efesios 3:10­-11).

LAS ORDENANZAS: En cuanto a la iglesia de Cristo entendemos que se le ha dado dos ordenanzas. Nuestro Señor Jesucristo instituyó la Comunión en su última cena con los discípulos, (Mateo 26:26­-30) para que fuese celebrada por creyentes de una manera regular sólo como un recordatorio de lo que Él hizo por nosotros la Cruz (Lucas 22:19-­20; 1 Corintios 11:26). Entendemos y enfatizamos que antes de esta celebración, el creyente debe examinarse y pedir perdón por sus pecados, de lo contrario esto traería juicio sobre sí mismo (1 Corintios 11:27-­29). La segunda ordenanza es el Bautismo, que practicamos después de haber creído en Cristo como Señor y Salvador, como una representación de nuestra unión con Él, al morir al pecado y al resucitar a una nueva vida. Cada creyente debe ser bautizado voluntariamente como testimonio público de su fe en Cristo y no como vía de salvación (Mateo 28:19; Efesios 2: 8­-9).

ÚLTIMOS TIEMPOS: Nuestro Señor Jesucristo retornará y esto es inminente (Mateo 24:42­-44). Creemos también que el rapto de la iglesia parece ser el próximo evento profético a cumplirse antes de iniciarse el período de la tribulación, el cual tendrá una duración de siete años (Daniel 9:24-­27; 12:11; Apocalipsis 11:2­3; 12:6; 13:5). Pero entendemos que es posible, de acuerdo a algunos pasajes bíblicos, que el Señor puede permitir que su iglesia pase por el período de la Tribulación (Mateo 24:3-­31). Este período de tribulación será seguido por el reino del Milenio en la tierra, donde Cristo reinará (Apocalipsis 20:1­-4). Por tanto, debemos vivir nuestras vidas como si Cristo fuese a retornar hoy mismo. Decimos que todos los creyentes resucitarán y los no creyentes lo harán al final de los tiempos (Hechos 24:15); nosotros los creyentes heredaremos la vida eterna y los que no han creído sufrirán un eterno tormento (Mateo 25:31­-46).

JUICIO FINAL: Entendemos que Dios ha establecido un día de juicio para el mundo, Él juzgará con justicia por Jesucristo, a quien dio todo poder y juicio por el Padre (Hch. 17:31; Jn.5:22,27) En aquel día serán juzgados los ángeles apóstatas y también todas las personas que han vivido sobre la tierra, siendo expuestos delante del tribunal de Cristo (1 Co. 6:3; Jud. 6) para dar cuenta de sus pensamientos, palabras y acciones, y para recibir conforme a lo que hayan hecho mientras estaban en el cuerpo (Mt. 16:25,31­-46; Hch. 17:30,31; Ro. 2:6­-16; 2 Ts. 1:5­-10; 2 P. 3:1­-13; Ap. 20:11-­15) , sea bueno o malo. (2 Co. 5:10; 1 Co. 4:5; Mt. 12:36). Afirmamos que el propósito de Dios al establecer este día es la manifestación de la gloria de su misericordia en la salvación eterna de los escogidos, y la de su justicia en la condenación eterna de los réprobos, que son malvados y desobedientes; (Ro.9:22,23) pues entonces los justos entrarán a la vida eterna y recibirán la plenitud de gozo y gloria con recompensas eternas en la presencia del Señor; pero los malvados, que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio de Jesucristo, serán arrojados al tormento eterno y castigados con eterna perdición, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. (Mt. 18:8; 25:41,46; 2 Ts. 1:9; He. 6:2; Jud. 6; Ap. 14:10-11; Lc. 3:17; Mr. 9:43,48; Mt. 3:12; 5:26; 13:41-42; 24:51; 25:30). Cristo quiere que estemos totalmente persuadidos de que habrá un Día de Juicio, tanto para disuadir a todos los hombres de pecar,(2 Co. 5:10-11) como para ser de mayor consuelo de los piadosos en su adversidad; (2 Ts. 1:5­-7) así también quiere que los hombres no sepan cuándo será ese día, para que se desprendan de toda seguridad carnal y estén siempre velando porque no saben a qué hora vendrá el Señor; (Mr. 13:35­-37; Lc. 12:35­-40) y estén siempre preparados para decir: Ven, Señor Jesús; ven pronto. (Ap. 22:20) Amén.

ESTE TEXTO REPRESENTA NUESTRA BASE BÍBLICA, TEOLÓGICA Y DOCTRINAL. (BASADA EN LA CONFESIÓN DE FE DE WESTMINSTER, CUYA FORMA ORIGINAL ES DEL AÑO 1647 Y POSTERIORMENTE LA FORMA ADOPTADA POR LA IGLESIA PRESBITERIANA DEL SIGLO XIX Y LA CONFESIÓN BAUTISTA DE FE DE 1689).

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