Algo anda mal cuando los cristianos oran de la manera en la que un no creyente oraría. ¡Claro!, los no creyentes oran, millones de ellos oran. Un sin número de cristianos nominales alrededor de todo el mundo ora casi todos los días.

Hace poco leí esto acerca de Letonia en Operation World: “El cristianismo se caracteriza por el nominalismo. Aunque el 60% profesa ser cristiano, solo una pequeña minoría practica su fe verdaderamente”. Esta realidad es la misma en todos los lugares donde se ha esparcido el cristianismo, aunque con porcentajes variados. El trigo y la cizaña crecen juntos y ambos oran.

Esta verdad fue real en los tiempos de Jesús, así como lo es en los nuestros. Los fariseos no amaban tanto a Dios como amaban orar. Ellos “devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones (Mr. 12:40). Ellos “Aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres” (Mt. 6:5). No solamente los fariseos oran, sino que los gentiles también oran: “Y orando, no uses vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mt 6:7).

Es posible que los cristianos nominales aprendan el lenguaje de la oración verdadera que exalta a Cristo, que es centrada en Dios, que confiesa pecados, que es dependiente del Espíritu Santo, que confía en las promesas y que persigue la santidad. Sin embargo, he descubierto que es raro para los que tienen poco amor por Cristo orar como si lo amaran y amaran su reino.

 

Lo que es mejor que lo ordinario

Entonces, ¿cómo oran los no creyentes? Generalmente, no le piden a Dios que haga cosas malas, le piden que haga cosas buenas, sin realmente pedirle que haga lo que sea mejor. Ellos oran como si Dios fuera el dador, pero no el regalo. Oran por protección y refugio, por comida y ropa, por salud, por paz, prosperidad, por justicia social por comodidad y por felicidad.

Todas estas cosas, que son buenas, son cosas que el mundo quiere. No tienes que nacer de nuevo para querer o amar estas cosas y no tienes que ser cristiano para orar por estas, para ti o para otros. De una manera u otra, todas las religiones oran por estas cosas. Así también los no religiosos, cuando las cosas se ponen difíciles.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? ¿Cómo deberían orar los cristianos? ¿No oran por estas cosas que son buenas? 

 

Lo que hace que una oración sea cristiana

La diferencia es que los cristianos son personas que tienen una nueva naturaleza a través del nuevo nacimiento. “Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:6).

  • Esta nueva naturaleza está formada por la presencia del Espíritu Santo, cuya misión es glorificar a Cristo (Jn. 16:14).
  • El Espíritu forma a nuestro ser interior a través de una nueva dinámica de fe en las promesas de Dios. “La vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios” (Gá. 2:20).
  • En el corazón de esta fe existe una nueva experiencia de valorar a Jesús por sobre todas las cosas. “Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor” (Fi 3:8).
  • El corazón del cristiano regenerado anhela que Dios sea glorificado en cada evento, acto y afecto. “Entonces, ya sea que comáis o bebáis, o que hagáis cualquier cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31).
  • El corazón del cristiano anhela que “Cristo sea exaltado” en todo, en todas las respuestas a cada oración (Fi 1:20).

Los verdaderos cristianos no oran por menos de lo que los cristianos nominales oran. Ellos oran por más, infinitamente más. La intención siempre es que Cristo sea sumamente atesorado y magnificado a través de su respuesta a cada oración.

 

Orando por protección

Por ejemplo, cada oración por protección (si mineros están atrapados bajo tierra, o soldados van a la batalla, o cristianos están abandonando a la misión, o hijos e hijas se dirigen a la universidad, o la policía está en peligro, o rehenes están en peligro de muerte, o niños están jugando donde vuelan las balas), cada oración cristiana por protección debe ser una oración por la mejor protección, no simple protección.

La mejor protección es la protección de Satanás, de la incredulidad, del pecado y de la muerte eterna. El cristiano ve el mundo como realmente es, considerando los peligros temporales como sombras de los peligros eternos, y los eternos son mucho más destructivos. Orar por la protección temporal sin preocuparse y orar por la protección que es más importante suena compasivo ante el mundo y ante los cristianos nominales, pero no ante aquellos que viven en la luz.

 

Ora por más no por menos

Lo mismo sucede con todos los buenos dones que la gente necesita. Los cristianos no oran por menos, sino por más, infinitamente más.

  • Señor concédeles refugio, para el cuerpo y el alma, un refugio contra el calor, el frío y la lluvia, y mayormente del calor de tu ira, del frío de tu odio y de la avalancha de destrucción que viene sobre todos los que no creen en Cristo. Muéstrales la gloria del refugio que existe en tu gracia.
  • Otorgarles alimento, Señor, y el conocimiento salvador de que hay un “alimento que perece” y un “alimento que permanece para vida eterna” (Jn. 6:27). Oh aliméntalos, querido Dios, en ambos. Otorgarles el probar y ver que tú eres el que satisface todas nuestras necesidades.
  • Señor, provéeles el vestido que necesitan. Que no anden en harapos pero que se vistan con dignidad. Muéstrales, Señor, que existen “ropas de salvación” y un “manto de justicia” (Is. 61:10). Muéstrales que estos son gratis, comprados con la sangre valiosa de Jesús. Oh Señor, que no los encuentres vestidos de la ropa más fina del mundo sino desnudos el día de tu juicio. Concédeles amar el resplandor de tu presencia que todo lo abarca.
  • Padre, dales salud, concédeles estar bien. Rescátalos de la enfermedad, sánalos. Evita que sean como los nueve leprosos que tomaron la sanidad de Jesús y nunca volvieron a darle las gracias o a amarlo (Lc. 17:17). Que su sanidad sea completa y eterna, para la gloria del Dios que sana. Permite que tengan buena salud física, pero más aún salud en sus almas (3 Jn. 2).
  • Gran Dios de paz, trae la paz entre las naciones en guerra, tribus, etnias, familias, niños, pandillas. Sé más grande que la amargura, la rabia, la venganza y la hostilidad. Muéstrales al Príncipe de Paz. Muéstrales a Aquel que derramó su sangre para que en él los enemigos más implacables puedan reconciliarse con Dios y entre ellos (Ef. 2:15-16). Abre sus corazones a Cristo y conviértelos en pacificadores.
  • Señor, conforme a las riquezas infinitas que tienes como creador y redentor, concede prosperidad a aquellos que carecen de lo que necesitan. Proporciónales lo que es necesario, para que no se llenen y te nieguen y digan: “¿Quién es el Señor?” o para que no sean pobres y roben y profanen el nombre de Dios (Pr. 38:8-9). Haz que cada alma sepa, oh Dios, que eres tú quien da el poder para prosperar (Dt. 8:18). Permite que vean esto y te den toda la gloria.
  • Tú conoces, Señor, la difícil situación de los oprimidos. “Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como corriente inagotable (Am. 5:24). Deja que la libertad sea anunciada a los cautivos y a los que están oprimidos injustamente. Destruye los poderes malvados de la tiranía. Rompe los brazos de los gobernantes injustos que fracasan en su vocación designada por Dios “para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien” ( 1 Pe. 2:14 ). Y concede, tanto a los fuertes como a los débiles para ver que la justicia es del Señor, y al final, todos los males se convertirán en bien. Oh vuelve el corazón del opresor y el oprimido a buscar la misericordia del Juez del universo, mientras aún quede tiempo (He. 17:31).
  • Señor, eres “el Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (2 Co. 1:3). Oramos para que muestres esta consolación y misericordia a los que han perdido tanto, los tesoros terrenales más queridos de sus vidas. No los dejes, oh Dios, sin esperanza en su duelo. Muéstrales la grandeza de lo que Cristo vino a hacer por aquellos cuyas penas no paran de surgir (1 Tes. 4:13-18). Que sus tristezas sean la herida que abre su corazón a la curación eterna que solo tú ofreces en Cristo; muéstrales que el valor incomparable de Jesús es mayor que todo lo que el mundo ofrece.
  • Por último, Padre, concede felicidad. No deseamos ni oramos para que perdure la miseria, el dolor o tristeza en la vida de las personas. Si el dolor de una cirugía es necesario para una sanidad duradera, confiamos en ti con ese aguijón. Sin embargo, nuestro corazón desea la alegría duradera de toda alma viviente. No pedimos por lo que Moisés repudiaba como “los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25), o los “los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Pe. 2:11), o la comodidad de las riquezas que convierten la puerta de los cielos al tamaño del ojo de una aguja (Mt. 19:24). Pero pedimos, incluso por nuestros enemigos, que tengan plenitud de alegría en la mano derecha y los placeres para siempre en tu presencia (Sal. 16:11). Jesús murió por esto, para que puedan ver y recibir.

No persuadidos por críticos nominales

Los cristianos nominales no suelen orar de esta manera. De hecho, van a separarse de aquellos que sí lo hacen. Se van a sentir incómodos alrededor de tales oraciones. No tienen en su corazón ese amor real hacia la belleza de tales oraciones. Tales oraciones se sienten ajenas a ellos.

Por lo tanto, los cristianos nominales desviarán la exposición de su vacío espiritual retorciendo tales oraciones diciendo cosas como: “Todo lo que importa es el pastel en el cielo” o, “estómagos vacíos no se preocupan por la religión” o, “lo que la gente necesita es amor, no religión” o, “ni siquiera puedes orar por las necesidades de las personas sin presumir tus frases piadosas”, etc.

Por supuesto que ninguna de estas flechas da en el blanco. Excepto en los ojos de los demás cristianos nominales, quienes tienen algunos millones de cuentas en Twitter.

Pero los verdaderos cristianos se niegan a dejar de amar solo porque los cristianos nominales se burlan de que nos preocupemos por la eternidad. Los verdaderos cristianos siguen adelante con Jesús en la convicción de que hay que preocuparse por todo sufrimiento, especialmente el sufrimiento eterno.

Los cristianos nos mantenemos firmes en la convicción de que 85 años de protección, refugio, alimentos, ropa, salud, paz, prosperidad, justicia social, comodidad y felicidad, seguido de una eternidad de miseria, no es una buena vida. Y sabemos que el amor verdadero no se conforma con una vida tan trágica; por ello oramos por más.

Por lo tanto, estoy orando para que todos los cristianos oren como verdaderos cristianos, pido que nunca te rindas ante las críticas que dicen que es más amoroso pedirle a Dios que les de sus regalos, pero no a Él mismo. Estoy pidiendo que toda oración sea para la exaltación de Cristo, esté centrada en Dios, confiese pecados, sea en una actitud de dependencia del Espíritu Santo, que confíe en las promesas y que persiga la santidad. En otras palabras, te estoy rogando que realmente amemos a las personas cuando oramos por ellas.

 


Un artículo de Soldados de Jesucristo