Cuando la gracia de Dios empezó a trabajar en mi intelecto y en consecuencia, también en mi alma, trajo un despertar doctrinal gradual que me llevó a ir digiriendo grandes verdades bíblicas que siempre habían estado allí, verdades que hubiese querido conocer desde el principio de mi acercamiento a la Escritura, sin embargo, la providencia de Dios es perfecta, Dios no llega a tiempo o es puntual como dicen algunos, el decreto de Dios está establecido y ese decreto divino incluye nuestro despertar para amar el estudio de las Escrituras e ir comprendiendo verdades transformadoras que traen un impacto eterno a nuestra alma y nuestra manera de vivir.

Recuerdo que la primera vez que sufrí un “shock intelectual” fue al empezar a leer el devocional La Búsqueda de Dios de A.W. Tozer1; en el capítulo diez titulado El Sacramento de la Vida de este devocional, Tozer escribe que uno de los impedimentos más grandes del cristiano es su búsqueda de paz interior debido al hábito de dividir su vida en dos áreas, la sagrada y la secular, Tozer sigue esbozando que estas dos áreas las concebimos para mantenerlas separadas y, por lo tanto, las vemos como incompatibles moral y espiritualmente, sin embargo, por las necesidades cotidianas de nuestras vidas nos vemos obligados a entrecruzarlas continuamente, dando como resultado que vivamos vidas desequilibradas y divididas en vez de concebir estas dos áreas compatibles y unidas. Leer y analizar esa idea de Tozer fue lo que causó un impacto intelectual en mí, por obvias razones antes de que el Espíritu de Dios obrara en mi vida y fuera convertido al Señor jamás comprendería esta verdad, sin embargo, al dedicar mi vida al cristianismo, siempre mantuve la idea de que mi vida espiritual estaba y debía estar separada de mi vida secular, pensar de esta misma manera nos hace llevar una vida estresada, experimentando tensión constante y continua ante los sucesos cotidianos de la vida. ¿Cómo responder ante los problemas de la vida secular? ¿dónde y cómo debemos comportarnos de manera espiritual o secular? O somos vistos demasiado espirituales, o se nos concibe como personas moralistas, ¿en qué momento sabrán los demás que el comportamiento íntegro de una persona se deriva de una vida espiritual y temerosa de Dios? Todas estas interrogantes entre muchísimas más son generadas a partir de la incomprensión o desconocimiento de Coram Deo.

Entonces ¿Qué es Coram Deo?

Hasta aquí he tardado en explicar el origen y el significado de estas palabras por lo que pido perdón, espero no volverlo a hacer (espero…), así que, procedo en este momento a explicarlas. El término Coram Deo es parte de la fraseología latina que surgió durante la Reforma Protestante, los reformadores esbozaron varios términos y frases en latín tales como Post Tenebras Lux (después de la oscuridad, luz), Sola Scriptura (solo la Escritura), Sola Gratia (solo por gracia), Sola Fide (solo por fe), solus Christus (solo Cristo), Soli Deo Gloria (solo a Dios la gloria), Simul Iustus Et Peccator (pecador y justo al mismo tiempo), Ecclesia Semper Reformanda Est (la Iglesia siempre reformándose), Ordus Salutis (el orden de la salvación) entre otras. Coram Deo son palabras que forman parte de ese conjunto de frases hermosas de las cuáles estoy muy enamorado (no más que de Cristo, valga la aclaración). Coram deriva del latín cora («pupila del ojo») y significa «en persona», «cara a cara», «en presencia de uno», «ante los propios ojos», «en presencia de», «delante de»2. Deo, en latín, es Dios. Coram Deo literalmente se refiere a algo que se lleva en la presencia de, o ante la presencia de Dios, es estar de cara o ante la faz de Dios3. Coram Deo es cuando la razón y el corazón están conscientes de la existencia y presencia de Dios en donde quiera que estemos y en lo que sea que hagamos. 


Publicado originalmente por Evangelio verdadero.